
La empresa no te necesita más horas: te necesita mejor
Febrero no suele ser un mes inspirador. Se acabó la energía de enero, los objetivos ya no brillan tanto y la agenda empieza a llenarse de urgencias. Muchos empresarios sienten que trabajan más que nunca… y, sin embargo, avanzan menos de lo esperado.
Aquí aparece una verdad incómoda: en muchas pymes, el principal cuello de botella no es el mercado, ni la competencia, ni los precios. Es el propio empresario.
Durante años se ha glorificado la figura del empresario incansable: el primero en llegar, el último en irse, el que está en todo. Pero esa actitud, que quizá fue necesaria al principio, cuando comenzaba el emprendimiento, se convierte con el tiempo en un freno para el crecimiento. La empresa no necesita más horas del dueño. Necesita mejores decisiones por parte de él y permitir que otros hagan las cosas. Delegar.
Uno de los errores más habituales que veo como mentor es confundir implicación con control. El empresario revisa cada presupuesto, decide cada pequeño problema y valida cada paso. El resultado es una agenda llena, un equipo dependiente y una sensación constante de ir apagando fuegos. No se avanza y además se trabaja mucho, pero se construyendo poco.
Trabajar en la empresa no es lo mismo que trabajar para la empresa. Lo primero es resolver el día a día. Lo segundo es pensar, decidir y diseñar el futuro. Y esto último requiere tiempo, foco y, sobre todo, dejar de hacer cosas, requiere coger perspectiva, calma, analizar reflexionar y planificar.
Una empresa sana no necesita que el dueño esté presente en todas las decisiones. Necesita claridad: objetivos bien definidos, prioridades claras y reglas de juego conocidas por el equipo. Cuando todo depende del empresario, el negocio se vuelve frágil. Basta con que él se canse, se ausente o se equivoque para que todo se resienta.
El mes de febrero es un mes ideal para hacerse algunas preguntas incómodas. ¿Qué decisiones estoy tomando que podría tomar otra persona? ¿Qué tareas ocupan mi tiempo, pero no generan valor real? ¿Dónde estoy siendo imprescindible por inseguridad y no por necesidad?
Muchos empresarios dedican más del 60% de su tiempo a tareas operativas que no deberían estar en su agenda. Reuniones innecesarias, revisiones excesivas, problemas que vuelven una y otra vez porque nunca se atacan de raíz. Todo eso tiene un coste enorme: desgaste personal y estancamiento del negocio. El crecimiento no llega trabajando más horas, sino mejorando la forma de trabajar. Delegar no es abandonar, es desarrollar. Medir no es desconfiar, es profesionalizar. Y tomar distancia no es desentenderse, es liderar.
Una empresa madura es aquella que funciona cuando el empresario no está encima. Y eso no se improvisa: se diseña.
Mi opinión como mentor es clara: cuando el empresario mejora su forma de trabajar, la empresa mejora casi sola. Febrero puede ser el mes en el que sigas corriendo más rápido… o el mes en el que empieces a correr en la dirección correcta.
La pregunta final es sencilla, pero potente:
¿Tu empresa depende de ti… o tú dependes de tu empresa?
¿Hablamos?
