
Cuando un simple ruido lo cambia todo: entender la misofonía en niños y adolescentes
“¡Para de masticar!”, “¿Puedes beber más despacio?”, “Me voy, no lo soporto”.
Para muchas familias, la hora de la comida —que debería ser un momento tranquilo— se convierte en una fuente constante de tensión. El problema no es la comida ni la convivencia, sino algo menos conocido: la MISOFONÍA.
La misofonía es una dificultad para tolerar ciertos sonidos cotidianos, especialmente los relacionados con la boca: masticar, sorber, respirar fuerte, carraspear. No es que el sonido sea fuerte, es que resulta intolerable para quien lo escucha. Y la reacción no es voluntaria: aparece una activación intensa del cuerpo que puede manifestarse como enfado, ansiedad, ganas de huir o una necesidad urgente de que el sonido desaparezca.
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