
Deja la épica para otros
Camarada empresario,
La bruma del champán y la modorra de los polvorones ya va amainando, y solo queda el arreón de sus Majestades los Reyes para volver a la trinchera.
O puede que ya estés de vuelta, o incluso que no hayas podido disfrutar más que de los cuatro días señalados.
Vuelves a la carga, posiblemente pensando: Ojalá este año sea más tranquilo, menos cañero, más rentable. O por lo menos, que facturamos más.
Y, de nuevo, te estás abriendo en canal a una decepción casi asegurada, y a instalarte en la amargura y la frustración constante.
Porque estás mirando tu empresa desde la inercia, con la vista en “el trabajo”, en empujar a ciegas, en la fuerza bruta.
Pero deja que te diga que la épica está muy bien para las novelas. Para esas historias que uno cuenta en el bar, cuando quiere sentirse poderoso, o que sueñas que se contarán sobre ti, cuando no estés: El empresario héroe que se abrió camino a cabezazos. La empresaria que se empoderó y luchó contra viento, marea, y prejuicios sociales.
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