
El nuevo ROI del marketing: el nuevo reto
Durante años, el marketing digital ha tenido una obsesión bastante clara: medirlo todo. Tráfico, clics, conversiones, coste por lead, retorno de la inversión… Es necesario cuantificar, atribuir y justificar, tanto por la sencilla lógica de controlar inversión y coste, como por la optimización del proceso, apoyándonos en KPIs.
Se han creado sistemas cada vez más sofisticados para entender qué canal convierte mejor, qué campaña funciona y qué acción genera ingresos. Ahora bien, no todo lo que influye en el negocio se puede medir con la misma facilidad. De hecho, una parte creciente del impacto del marketing está ocurriendo fuera de los modelos tradicionales de atribución.
El cálculo del ROI se ha realizado sobre lo “visible”, lo que deja un rastro cuantificable: un clic, una visita, un formulario, una venta. Pero la realidad es que muchas decisiones de compra no siguen ese camino tan ordenado. Existen impactos que no generan acción inmediata, pero sí construyen una predisposición, por lo que hay marcas que no convierten hoy, pero condicionan la elección de mañana. Y eso, normalmente, no aparece en ningún dashboard.
Esto nos indica que no se mide mal, sino que no se alcanza a medir todo. Se optimiza lo cuantificable, pero se ha perdido de vista la percepción de marca, la confianza o la familiaridad.
En paralelo la inteligencia artificial o el comercio agéntico, de los que ya hemos hablado, y de recomendación están reduciendo las señales visibles. Cada vez más decisiones se toman sin clic, sin tráfico y sin interacción directa. Y la consecuencia clara es que el ROI medido tradicionalmente, se va quedando corto.
Por aterrizarlo, si una IA recomienda tu marca, pero el usuario entra días después directamente en tu web ¿a quién le atribuimos este resultado? Si un contenido no genera una conversión inmediata, pero hace que te perciban como una opción fiable ¿dónde queda registrado ese valor? Y si alguien ya te tiene en mente antes incluso de buscarte (os suena a todos) ¿en qué métrica encaja eso? No hay un número y, sin embargo, es ahí donde se está construyendo una gran parte del valor percibido.
Esto nos obliga a replantear cómo entendemos el retorno del marketing. No se trata de abandonar la medición, sino de ampliarla. De asumir que el rendimiento no es solo lo que convierte, sino también lo que influye, lo que posiciona y lo que prepara el terreno, lo que nos llevará a nuestros objetivos.
En este contexto, empiezan a cobrar sentido otros indicadores: la presencia en recomendaciones, la autoridad percibida o la capacidad de una marca para ser recordada en el momento de decisión.
Son variables menos tangibles, sí, pero cada vez más determinantes. Porque el verdadero ROI no es únicamente el que vemos en los informes, sino el que determina qué marcas están presentes en la mente del cliente cuando realmente importa: en el “momento de la verdad” de la compra. Cualquier cosa, aquí me tenéis.
