
La importancia del valor humano
Pablo Lora
Responsable de Banco Mediolanum en la Zona Sur
Vivimos un momento en el que la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para digerirla. Prueba de ello son las noticias y los continuos debates acerca de su conveniencia o no. En la calle, en los medios… ¡Hasta en las propias redes! Nos encontramos inmersos en una carrera en la que, según parece, tenemos que tomar parte. Como si se tratara de fútbol, o eres de un equipo o eres del otro. O estás a favor o estás en contra. Sin término medio.
En mi opinión, la clave no está en elegir entre la máquina y la persona, sino en combinarlas de forma inteligente. La tecnología aporta muchas cosas: velocidad, método y capacidad de análisis. A veces, hasta una precisión micrométrica. Mientras que las personas aportan propósito, sensibilidad, experiencia, responsabilidad, juicio profesional.
De ahí que no todo se pueda delegar en una máquina, que no debe convertirse en la única variable de esta ecuación. La tecnología sirve para mejorar, no para sustituir. Y es que, cuando todo se automatiza, lo valioso vuelve a ser precisamente lo humano.
Como emprendedor en general y asesor financiero en particular, además de con números, balances y modelos, trabajo con muchas personas que o forman parte de mi equipo o se integran en mi cartera de clientes.
Y siempre tengo presente una máxima: muchas de las cosas más productivas no lo parecen a primera vista. Se producen en espacios que no se incluyen en ninguna métrica.
Una conversación improvisada, un rato de escucha (real, por supuesto), un momento de pausa para compartir una idea… Es ahí donde nacen oportunidades que difícilmente surgirían en un entorno totalmente automatizado. Porque imperan la empatía y la complicidad; hay miradas que se encuentran; se producen charlas y conexiones, y se establecen vínculos que se forjan gracias a la confianza.
Dicho de otra forma, esto se consigue dedicando tiempo a entender a las personas: qué buscan, cuáles son sus objetivos, dónde brillan y dónde necesitan apoyo. Acompañarlas en su camino y recorrer parte de ese camino juntos. Ya se trate de profesionales de mi equipo o clientes de mi cartera. Todos ellos, personas.
En definitiva, creo que en este debate hay demasiado ruido. Desde mi punto de vista, la tecnología es una aliada formidable siempre que se utilice como una herramienta y, sobre todo, que sepamos interpretarla y ponerla a nuestro servicio.
Resulta paradójico, pero en el momento de mayor penetración tecnológica de la historia se hace cada vez más importante algo tan simple como el trato humano. Una mirada, una escucha atenta, un gesto de confianza. Eso no tiene precio. Y, de momento, ningún algoritmo puede aprenderlo… Ni replicarlo.
