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“El emprendedor no nace, se hace creando, fallando y ajustando”

En el marco del CTx Tech Experience Hub 2026,  uno de los principales encuentros europeos sobre innovación y transformación digital celebrado los días 19 y 20 de marzo en Sevilla, se han dado cita miles de profesionales, juntos. Entre las voces más destacadas ha resaltado Ignacio Campoy, CEO del Grupo Educativo Formación Universitaria, cuya intervención sobre formación superior y emprendimiento ha reforzado su posición como una de las voces más autorizadas en el ámbito de la formación para emprender en el contexto actual empresarial. En este foro hemos conversado con él, tras su ponencia, y estas son sus principales valoraciones sobre lo que significa hoy lanzarse al emprendimiento, teniendo en cuenta las “vicisitudes” del momento empresarial actual.   

En su intervención ha hablado del papel del emprendedor en el contexto actual, ¿qué significa realmente ser emprendedor hoy?

En el contexto actual, el emprendedor o el empresario no es solo alguien que inicia un negocio o una empresa, sino alguien que transforma una idea en actividad económica. Es quien genera empleo, introduce innovación y compite en mercados que ya existen o, en muchos casos, crea otros nuevos. Por eso, más que una figura idealizada, hablamos de alguien que asume riesgos y convierte ideas o proyectos en realidades empresariales tangibles.

Permítame que le lleve ahora al debate recurrente, ¿se nace emprendedor o se aprende?

Ser emprendedor no es cuestión de nacimiento, se aprende y se desarrolla. Es cierto que hay características personales, como la resiliencia o la tolerancia al riesgo, que pueden facilitar el camino, pero las competencias clave son adquiridas, como es el caso de la gestión financiera, la estrategia empresarial, el liderazgo o la negociación.

En realidad, los emprendedores que tienen éxito combinan dos variables, actitud y aprendizaje. La iniciativa y la capacidad de asumir riesgos deben complementarse con habilidades que se adquieren estudiando, practicando y perfeccionando. En resumen, nadie nace siendo emprendedor; se hace creando, fallando y ajustando.

Para aquellos que van a emprender por primera vez, seguro que hay algo que, sin duda, va a ser lo más complicado que tengan que gestionar, ¿qué diría que es?

Yo diría que lo más complicado que van a tener que gestionar es el afrontamiento de la incertidumbre. Ningún plan de negocio sobrevive intacto a la realidad. El reto no es tanto tener una idea, sino como convertirla en una empresa que funcione.

Cuando alguien emprende por primera vez, suele enfrentarse a cuatro grandes desafíos: vender con margen y rentabilidad, gestionar correctamente el flujo de caja, liderar equipos de forma eficaz y asumir la tensión diaria que implica sacar adelante un proyecto.

En definitiva, lo más difícil no es iniciar el negocio a la empresa, sino aprender a sobrevivir y adaptarse mientras se consolida.

Desde su experiencia, ¿qué errores cometen con más frecuencia los emprendedores?

El error más común es sobrevalorar la idea y subestimar el mercado. Muchos emprendedores se enamoran de su proyecto sin validar si realmente existe una demanda dispuesta a pagar por él.

A partir de ahí, se repiten otros fallos: la falta de planificación financiera, no contar con el equipo adecuado, ignorar a la competencia o asumir que el crecimiento será rápido y lineal. La realidad empresarial es mucho más compleja.

Y en todo esto, ¿dónde queda el miedo al fracaso como un obstáculo principal para impedir que una buena idea aterrice como un buen proyecto?

Sí, he de darle la razón en que el miedo sigue siendo un freno importante, especialmente para quienes no tienen experiencia previa. Sin embargo, hoy también influyen otros factores como la financiación, la burocracia o la dificultad para encontrar el talento adecuado.

El miedo es real, pero es gestionable. Deja de ser un obstáculo cuando se combina con una buena preparación y con un negocio previamente validado.

¿Qué consejo le daría a alguien que quiere emprender, pero no sabe por dónde empezar?

El primer gran consejo es validar la idea antes de lanzarse o invertir grandes cantidades de dinero. No se trata de tener una idea perfecta, sino de comprobar si existe demanda real, escuchar al mercado y ajustar la propuesta en función de lo que los clientes realmente necesitan y están dispuestos a pagar.

Además, hay tres claves fundamentales: rodearse de redes de apoyo como mentores, incubadoras y ecosistemas emprendedores, que reduzcan riesgos y aceleren el aprendizaje; priorizar el flujo de caja y la sostenibilidad desde el inicio; y empezar en pequeño, con capacidad de escalar progresivamente.

Y ya por último, ¿deberían las escuelas de negocios enseñar a crear empresas?

Absolutamente y de hecho, muchas todavía no lo hacen como deberían. El MBA tradicional se centra en teoría y análisis de casos, pero muchos titulados salen sin saber cómo montar y gestionar una empresa real.

Una escuela de negocios moderna debe ir más allá e incorporar aspectos clave como la inteligencia emocional, los hábitos de éxito, la mentalidad emprendedora, la resiliencia, las ventas y el marketing aplicado, la inteligencia artificial o la gestión práctica del negocio.

En definitiva, no basta con enseñar teoría. Las escuelas deben formar emprendedores capaces de crear, lanzar y escalar empresas, no solo directivos con conocimientos teóricos.

La intervención de Ignacio Campoy en el CTx Tech Experience Hub 2026 deja una conclusión clara: el emprendimiento no es una cuestión de inspiración puntual, sino de formación, disciplina y capacidad de adaptación en un entorno cada vez más exigente.

Formación Universitaria

Formación Universitaria es una institución educativa española con más de 20 años de experiencia en formación online y a distancia. Con sedes en Sevilla, Madrid y Barcelona, ofrece más de 4.000 programas orientados a la empleabilidad y cuenta con la certificación de calidad ISO 9001 otorgada por AENOR.

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