Vivimos en una era en la que la nutrición ha ganado muchísima repercusión. Visto desde un lugar con esencia, esto puede ser sano, enriquecedor y positivo. El problema aparece cuando existe un exceso de información y se comparte desde un lugar peligroso.
Podemos encontrar respuestas a casi cualquier duda sobre alimentación —suplementos, platos “perfectos”, formas de comer “correctas”— con solo un clic en un móvil. El problema es que esas respuestas en lugar de ayudarnos, empiezan a controlarnos. Todo puede convertirse en contar calorías, clasificar ingredientes en “buenos o malos”, prohibir alimentos o seguir dietas extremas que parecen válidas para cualquiera.
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