¿Es aconsejable regalar un móvil por la Primera Comunión?

Por Mª Ángeles Sánchez psicóloga infantil de Crecer Gabinete de Psicología Infanti

Con mayo se inaugura la temporada de comuniones y, por tanto, de regalos.  Hace un par de décadas los regalos estrella eran muy diferentes a los actuales siendo la bicicleta, el reloj o la muñeca vestida de comunión los regalos mas deseados. 

Hoy en día muchas comuniones parecen bodas e incluyen Photocall, obsequios de recuerdo para los asistentes, vídeos, animadores, un gran número de invitados y en consecuencia un gran número de regalos lo que lleva a plantearse si no será que los progenitores “estamos perdiendo el sentido común” con las celebraciones de nuestr@s hij@s,

A la reflexión anterior, hay que añadir los regalos estrella que se han impuesto como norma en la mayoría de comuniones y que son los viajes a parques temáticos y los móviles de última generación.

Pero, ¿debe tener móvil un niño o una niña de 10 años? La respuesta es que, en general, no. Seguro que algún padre o madre piensa que es necesario para poder avisarle o tenerle localizad@ ante cualquier incidencia familiar pero seamos sinceros, un niño o niña de 10 años suele estar en casa o en el colegio, en casa de algún amig@, en alguna actividad extraescolar o en un parque cercano. Por tanto, no necesita ser localizado porque está permanentemente localizado. Y si la excusa es que le servirá para jugar seguramente ya tenga otros dispositivos digitales que puede utilizar para jugar (tableta, consola u ordenador).

Otra de las razones que hacen que no sea recomendable la tenencia de un móvil hasta al menos los 12 o 13 años son los riesgos que su uso entraña como el ciberacoso, en el que las burlas, insultos y amenazas de un@s menores a otr@s ya no se limitan al colegio y al horario escolar, sino que se extienden a las redes sociales durante todo el día.  

Tenemos que ser conscientes que un niño o una niña con móvil e internet puede hacer mucho daño a otr@s niñ@s enviando fotos indebidas, comentarios hirientes o inadecuados, etc… De esta manera nuestro hijo o hija puede ser objeto de dicho ciberacoso o ser él o ella quien lo ejerza sobre algún otro niño o niña.  

Por otra parte, está el riesgo para su desarrollo personal (físico y psicológico, individual y social) como es la excesiva dependencia del móvil, que puede terminar en un trastorno grave o adicción, pero que mucho antes ya resulta preocupante, porque denota una falta de autocontrol como señala las informaciones que indican que “los niños pasan menos tiempo al aire libre que los presos”, consumiendo la mayor parte de su ocio pegados a una o varias pantallas.

Por supuesto, ahí no acaba la cosa, ya que si a pesar de todo los progenitores deciden permitir que su hij@ tenga móvil tienen que tener en cuenta que esto conlleva la obligación de informarse sobre el uso que pueden o no pueden hacer sus hij@s de los terminales y, además, controlar dónde se han metido en las redes sociales, con quién están contactando, qué tipo de mensajes o imágenes mandan o reciben, qué aplicaciones manejan… Y esto es así porque al ser menor de edad los progenitores somos los responsables y garantes de la seguridad y de los actos de nuestros hijos o hijas aunque la realidad sea que la inmensa mayoría no lo hará, o lo hará poco y mal y dejarán al niño o niña solo o sola ante el peligro y los riesgos que el uso o mal uso del dispositivo conlleve.

Esta supervisión paterna o materna suele traer discusiones porque en muchas ocasiones el niño o la niña no acepta o acepta a regañadientes dicha supervisión. Sin embargo, esta condición es obligatoria y debe ser ejercida por los progenitores de manera diaria o casi diaria aceptando el niño o la niña que se entre en el terreno de su «privacidad» y se supervise el terminal para leer los contenidos y ver con quién intercambia mensajes, o para ver qué uso se está haciendo del móvil.   

Otra pelea constante a la que tendremos que hacer frente será al tiempo de uso del dispositivo ya que una vez que tenga móvil, querrá más y más horas de uso. Aunque se le haya puesto límites de horas, días o tiempo, siempre querrá más y más. Los niños y niñas no quieren un móvil “para llamar” o mandar “algún mensaje”, sino que lo quieren para conectarse durante horas a juegos, películas, redes sociales… De esta manera, pueden pasar muchas horas que le parecerán muy pocas, y siempre querrán más y más. Y ten en cuenta que el conflicto será continuado ya que lo pactado con el niño o la niña que recibió el móvil a los 9 o 10 años no será lo aceptado cuando tenga 12 o 13 años. 

Y por último, pero no por ello lo menos importante sino todo lo contrario, es que todo el tiempo que tu hijo o hija pasa o pasará enganchado al móvil es tiempo que desaprovecha para hacer otras actividades mucho más productivas y necesarias para su correcto desarrollo. 

El móvil engancha porque es fácil y no requiere ningún esfuerzo. En cambio, quedar con amigos para jugar o hacer deporte si requieren un esfuerzo y aunque sea mucho más beneficioso tu hijo o hija lo dejará de lado para volcarse en el móvil.

Por supuesto, el móvil también le quitará horas a la lectura, a pintar o dibujar o a ensayar un instrumento. Por no decir de las horas de estudio o de hacer tareas escolares. Por tanto, piensa en lo que más le beneficia a tu hijo o hija y recuerda que lo que no se juega como niñ@, lo que no se ensaya, aprende o vive siendo niñ@, no se puede adquirir igual en otras edades.

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