“Ojalá llegue el día que a nadie le importe nuestra orientación sexual”

Anhelo la llegada de ese día, en el que la orientación sexual de todos y todas sea aceptada y acogida de manera incondicional por nuestro entorno personal, familiar y social  es, sin duda, uno de los pilares para una adecuada salud psicológica y emocional.

Hoy en día, las personas LGTBIQZ+ continúan sufriendo una serie de situaciones a lo largo de su ciclo vital que hace que sean más vulnerables a intentos de suicidio, adicciones y otro tipo de cuestiones de corte emocional, como depresiones o problemas de ansiedad. Muchos  están sobrepasados por la vergüenza. Cuando creces en un entorno que señala que eres alguien vergonzante, desarrollas formas de enfrentarlo como esconderte en el armario, negar tu identidad. Es la manera más rudimentaria e inmadura. Ocultan su homosexualidad porque la vergüenza que nos ha inculcado la educación homófoba es tremenda.

De la depresión al suicidio, de la ansiedad a la adicción

Las personas del colectivo LGTBIQ , sin negar ni esconder su orientación sexual, intentan compensar lo que les han dicho que es malo. Para afrontar el menoscabo de su personalidad, por ejemplo, algunos gais, se obsesionan con su cuerpo,  pretendiendo ser más musculosos,  más guapos, en definitiva, más masculinos. Es como ‘”Sí, soy maricón, pero soy un maricón estupendo”. Es otra forma de encarar la vergüenza. algo más elaborada porque hablamos de una persona más madura. Es muy difícil tener conexiones auténticas con los demás cuando te relacionas con ellos con una fachada, con un personaje que has creado para que los demás te admiren y comprendan la vergüenza de ser gay, lesbiana, trans, etc.

Cuando ya eres lo suficientemente maduro, cuando tienes experiencia y el apoyo de todo un colectivo, entiendes que no tienes por qué sentirte avergonzado. Tienes que ser como eres, y pedir la aceptación y el respeto por ello.

Estas experiencias se enmarcan en un escenario emocional cuyo resultado más grave es, sin duda, el suicidio. “La población LGTBIQ tiene una relación intensa con el suicidio. Hay mayores tasas de suicidio y mayor ideación, sobre todo en adolescentes y jóvenes.  Además, son más propensión a adicciones tanto al sexo como a las drogas. Las personas que han sufrido bullying homofóbico desarrollan un trastorno de ansiedad conocido como estrés postraumático, por haber visto su vida o su integridad física comprometida en algún momento. Hay quien calma estos niveles de ansiedad con descargas muy fuertes, ya sean sexuales, con el orgasmo, o con sustancias como las drogas o el alcohol. Esto es algo completamente demostrado con evidencias científicas. ¿Otros efectos? Problemas de autoestima, por ejemplo, algunos chicos gais se obsesionan por ser más masculinos, más musculosos, es una estrategia para compensar la vergüenza. Si te dicen que los gais son afeminados, tú tienes que ser hipermasculino.

Practicar la autoestima

Ayuda qué  alguien que te quiere te diga que  se siente muy orgullosa u orgulloso  por tener el valor de ser quien eres. Los mensajes que a lo largo de nuestra vida hemos escuchado de las personas más influyentes de nuestro entorno o de aaquellas personas con las que nos hemos relacionado, se integran en nuestro cerebro y sin cuestionarnos ninguno de los mensajes, nos lo creemos y creamos un concepto acerca de nosotros, el cual puede ser positivo o negativo. Por ejemplo una persona homosexual puede escuchar a lo largo de su vida comentarios vejatorios o jocosos hacia famosos o personajes que salen en televisión, o chistes  homófobos o directamente mensajes hacia él o ella.

Muchas personas que pertenecen a este colectivo,  demuestran que, más allá de avances institucionales, más allá de visibilidad en el imaginario cultural, el rechazo es nuestro día a día. También en los círculos religiosos, en la iglesia hay que someterse a todas las normas y enseñan que la homosexualidad va en contra de la voluntad de Dios. Quizá por eso al pensar en mi sexualidad, me entraba pánico: no quería ir al infierno”. Eso lo animó a participar en terapias de conversión. “Fue mi decisión y las busqué yo. Al final tenía una visión de cómo mi vida debería ser obligada por la iglesia mormona. Quería que mi realidad se ajustara a esa y que me gustaran los chicos, desde mi punto de vista, era lo único que me lo impedía”, nos cuenta: “La homofobia está tan interioridad en las doctrinas que no la perciben. De hecho, darme cuenta de todo esto es lo que me convenció para salir. Una organización que discrimina así no puede ser de Dios, por supuesto eso no está escrito en ningún sitio, ya que ante los ojos de Dios todos somos iguales.

Tantas cosas deberían cambiar para revertir esta situación, que las instituciones los escuchen y que dejen de darles palizas todos los fines de semana, que dan para un reportaje especial. Empecemos, no nos queda otra, por lo que está en la  mano de todos  para seguir siendo, lo que quieras ser en un mundo hetero y puedan vivir para contarlo. En el momento en que alguien piensa mejor de sí mismo, se valora más y empieza a relacionarse con los demás sin usar máscaras , como ser el gay perfecto, por ejemplo. También hay que trabajar la parte de las relaciones sociales saludables: por ejemplo, la marica que no tiene resuelta su mochila emocional no es una buena amiga. ¿Y qué puede hacer ese niño, niña  o adolescente al que, le aterra hablar con su familia y sus amigos de su condición sexual? “Que se dirija a alguna asociación LGTB o que hable con el personal de su centro educativo, o con psicólogos o psicólogas con experiencia en esta área para que sepa cómo enfocar la salida del armario y una posible reacción negativa. El apoyo entre iguales es importantísimo.

Por todo ello, la sociedad debe seguir trabajando en valores  tales cómo el respeto, un derecho que todos y todas tenemos, y por supuesto independientemente de nuestra orientación sexual.

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