Nomofobia en adolescentes: qué es y cómo tratarla

En muy pocos años nos hemos acostumbrado a usar el móvil a diario para comunicarnos, informarnos, ver vídeos, escuchar música, hacer fotos y un sinfín de cuestiones más, en cualquier momento y en cualquier lugar. La tecnología nos ha proporcionado la posibilidad de acceder a la información y la comunicación con tan solo un “clic”, haciendo que nuestras vidas sean más fáciles y prácticas. 

Sin embargo, este uso diario que se ha impuesto y aceptado en nuestra sociedad tiene también sus consecuencias negativas siendo la nomofobia una de las principales y más problemáticas. Pero, ¿qué es la nomofobia? .  

La nomofobia es una forma de patología que consiste en el miedo excesivo que una persona tiene a ser separado de su teléfono móvil o a perderlo. Detrás de este término se esconde el carácter patológico de nuestra relación con el teléfono móvil, incluso desde una edad más o menos temprana. La nomofobia no se encuentra tanto ligada al objeto en sí (esto es, al dispositivo móvil) sino a las distintas acciones y posibilidades que este permite, especialmente en lo relacionado con el acceso a las redes sociales, mensajes y / o llamadas. Básicamente, la persona teme no poder comunicarse, no poder acceder a la información, perder su conexión o, simplemente, renunciar a su comodidad.

La nomofobia, además, ha demostrado que puede causar el desarrollo de otros trastornos mentales o de personalidad, así como problemas de autoestima, afectando gravemente a la felicidad de las personas, especialmente en la población más joven. Todo ello además de tener un gran impacto en la salud general de la persona, afecta negativamente en otros aspectos de la vida como el estudio y el trabajo al crear una fuerte dependencia al móvil, provocando distracciones constantes e incapacidad de mantener la concentración. A nivel social también ha quedado constatado que afecta a las relaciones e interacciones sociales produciendo una distancia y aislamiento del mundo físico.   

Los datos de los que disponemos estiman que, a partir de los 10 años, el 35 por ciento de los niñ@s tiene su propia consola de videojuegos, el 28 por ciento su propia tableta digital y el 11 por ciento su propia televisión.

Pero en el caso del teléfono móvil las cifras se disparan ya que se estima que, entre los 10 a los 15 años de edad, cerca del 87 por ciento de los niños y niñas ya tienen un teléfono inteligente (smartphone).

Estamos ante un verdadero problema y no podemos mirar a otro lado ya que se estima que el 30% de los adolescentes está en riesgo de convertirse en adictos a Internet. 

¿Cómo saber si nuestro hijo o hija tiene nomofobia?

Dentro de los diversos síntomas los principales son los siguientes:

  • Usar regularmente el teléfono móvil y dedicarle cada vez más tiempo, quitándoselo a otras actividades como el estudio, trabajo, quedar con amigos, ocio, etc.
  • Tener dos o más dispositivos y llevar siempre un cargador por si acaso.
  • Sentirse ansios@ y nervios@ ante la idea de perder el propio teléfono, no tenerlo cerca o disponible, o no poder usarlo por la falta de conexión, la batería descargada…
  • Uso continuado del móvil en lugares y situaciones en las que está prohibido su uso o es peligroso (caminando, en el cine o en el teatro, restaurantes, etc.). También puede que se eviten estos contextos para poder seguir utilizándolo.
  • Mirar de forma continuada la pantalla del teléfono para ver si se ha recibido mensajes o llamadas.
  • Mantener el teléfono móvil siempre encendido (24 horas al día) y dormir con él en la cama.
  • Tener pocas interacciones sociales cara a cara, preferir comunicarse utilizando las nuevas tecnologías.
  • Intentar de forma repetida controlar, reducir o parar el uso del móvil.
  • Contraer deudas o grandes gastos por el uso del teléfono móvil.
  • Estado de agitación, irritabilidad, angustia, desorientación y con frecuencia síntomas físicos como taquicardia, temblores, alteraciones en la respiración, etc.

Pero ¿hay alguna solución a la nomofobia? Algunas cosas que podemos hacer para prevenir que esto suceda o si todavía el caso no es muy grave son:  

  • Dar ejemplo. Que nuestros hijos vean que nosotros, como adultos, hacemos un uso racional del smartphone y cumplimos las mismas reglas.
  • Estipular las comidas libres de móviles, así evitaras que tu hij@ deje de comer por no perder tiempo para estar conectado.
  • Apagar el móvil durante las horas de sueño. De lo contrario, se quedarán conectados hasta altas horas de la madrugada y por la mañana estarán cansados y no podrán rendir.
  • No usar el aparato en las horas de estudio.  
  • Planear actividades en las que no se pueda usar el móvil (montar en bicicleta, patinar o cualquier actividad deportiva).
  • Jugar a juegos de mesa o ver una película junt@s. 
  • Conversar sobre un tema particular La tecnología ha hecho que cuando estamos junt@s en vez de compartir lo que nos preocupa o interesa cada uno se pone a revisar su móvil.  
  • Hacer un parking de móviles. Es una zona de la casa donde cada miembro de la familia deja su móvil apagado a partir de una hora concreta hasta el día siguiente. 
  • Poner límites diarios de consumo de pantallas. 

Y por último, en casos graves o muy graves no dudes en llevar a tu hijo o hija a terapia para ayudarle a superar sus problemas de dependencia con la tecnología. 

Mª Ángeles Sánchez

Psicóloga clínica infanto-juvenil

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