Viaje en el tiempo a través de mapas y relatos de la mano de Juan Antonio Caro Cals

El escritor Juan Antonio Caro Cals nos sumerge en su fascinante mundo de cartografía histórica y narrativa emocionante. Conoce los detalles sobre su saga de aventuras “Cuentos Argáricos” y la cultura argárica como escenario.

Cuéntanos, ¿cómo surgió tu interés por la cartografía urbana y la recreación de momentos históricos a través de tus mapas?

Cuando estudiaba Arquitectura en Sevilla hicimos un trabajo sobre la evolución urbana de la ciudad y los mecanismos de morfogénesis y transformación que configuran los espacios urbanos que heredamos. El caso de Sevilla es especialmente interesante, porque es una ciudad con 2.800 años de historia urbana sin solución de continuidad, siempre habitada, siempre relevante dentro de su comarca y con dinámicas de cambio y adaptación a un río bastante inquieto y por años traicionero. En cada período histórico, con cada nueva cultura que se instala en ella, Sevilla es una ciudad distinta, y siempre magnífica. Es una urbe compuesta de remiendos muy heterogéneos.

A mí me interesaba comprender a fondo esa evolución a través de la Arqueología, el análisis urbano y las fuentes historiográficas, y plasmarla en planos que recrearan instantáneas temporales de una ciudad. No solo Sevilla, sino todas las ciudades de España que tienen una historia igual o más interesante a sus espaldas.

Tu obra no se limita solo a la cartografía, también eres escritor. ¿Cómo logras combinar tus dos pasiones, la historia y la literatura, en tus proyectos?

En estos últimos años he tomado distancia con la práctica profesional para centrarme en la cartografía recreada y sacar adelante la tienda online a través de la cual vendo mis planos: planoscartapuebla.com. Y este último año, sin duda, he dedicado más tiempo a la escritura, una tarea exigente. Este proyecto narrativo, su creación y difusión, es lo que me ocupa hoy por hoy la mayor parte de la jornada.

Hablando de tus obras literarias, recientemente has publicado “Cuentos Argáricos”, una saga de aventuras ambientada en la cultura argárica. ¿Qué nos puedes contar sobre esta fascinante obra?

Deseaba, por una parte, narrar una aventura del género “espada y brujería”, un género cercano a la fantasía y a la ficción épica. Por otro lado, me preguntaba si sería posible usar como escenario un período de nuestra Historia. De nuestra Prehistoria, más bien, pues la Cultura de El Argar floreció entre los años 2.200 y 1.500 antes de Cristo. Eso es la Edad del Bronce. Mucho antes que los fenicios, mucho antes que los tartesios, mucho antes que celtíberos y romanos.

El Argar era una sociedad urbana y estatal; montaban caballos, enterraban a sus muertos bajo el hogar y forjaron las primeras espadas en la Historia de la Península Ibérica. El contexto era perfecto para crear un relato de héroes, dioses, brujos y acción.

¿Cómo describirías el proceso creativo detrás de la elaboración de tus mapas históricos?

Comienzo el trabajo con una base vectorial, un plano del Catastro actualizado. Lo primero es trasladar a este archivo la geometría del plano original más antiguo conservado de una ciudad. En el caso de Sevilla el Plano de Olavide de 1771. Luego, investigo calle a calle: indago la antigüedad de su toponimia, averiguo cuáles eran los edificios principales (hospitales, capillas, iglesias, conventos…). Reconstruyo las murallas urbanas, la hidrografía y los caminos extramuros. Examino los resultados de las excavaciones arqueológicas. Intento ser preciso.

El siguiente paso, una vez concluido el plano vectorial, que es el documento técnico, consiste en la elaboración artística. Uso texturas antiguas, colores y fuentes de letra que imiten el estilo gráfico de la época recreada. Una vez terminado, imprimo y cuelgo en el catálogo de la web.

¿Qué te inspira a la hora de seleccionar los momentos históricos que recreas en tus cartografías urbanas?

Trato de escoger un momento histórico relevante. A veces, elijo el siglo más antiguo en que puedo recrear una ciudad sin especular demasiado. Depende de la información disponible.

Pero, por regla general, recreo momentos en los que la ciudad acaba de experimentar su crecimiento máximo, como el provocado por la bonanza económica del siglo XVI, crecimiento que apenas cambiará en los siglos siguientes y que llegará hasta las ciudades históricas del siglo XIX, justo antes de la demolición sistemática de las murallas, la clausura de los cementerios urbanos y la desamortización de Mendizábal durante 1835-1844, que se llevó por delante gran parte del patrimonio conventual urbano.

Tu trabajo implica investigación profunda. ¿Cuál es tu enfoque para asegurarte de que tus representaciones históricas sean precisas?

Trabajo con cartografía original, planos urbanos desde el siglo XVII en adelante. A partir del siglo XVIII ya contamos con planimetría extraordinariamente precisa.

Por otro lado, los expedientes de excavaciones arqueológicas, a menudo de resultados parciales y muy fragmentados, ofrecen datos muy relevantes, como la existencia o inexistencia de una vía, la ocupación o no de una manzana…

De los padrones urbanos se puede extraer la toponimia antigua de barrios y calles. En algunas localidades se redactan desde el siglo XVI.

Y, por supuesto, consulto todos los trabajos, ensayos, monografías, artículos y tesis consultables en bibliotecas y/o webs. Son estudios magníficos llevados a cabo por investigadores profesionales. No hay ciudad, barrio, iglesia, convento o palacio que no tenga una investigación profunda de su pasado. Vivimos en un país que ama su Historia Urbana y que posee investigadores muy meticulosos. De eso no nos podemos quejar.

Además de la precisión histórica, ¿qué otros elementos consideras importantes al recrear un momento específico en la historia a través de tus mapas?

Para mí es importante el grafismo y la belleza del plano, ya que está pensado como artículo para venta. Y aunque no fuera así, siempre admiro el poder que un buen plano o mapa tiene para trasladarte en el tiempo y el espacio. Es una ventana al pasado, un documento gráfico repleto de detalles y pequeñas historias. Es herencia, es viaje y es cultura histórica. No concibo un despacho o una oficina sin un plano sobre la pared.

Cambiando de tema, tu novela “Cuentos Argáricos” nos lleva a un período poco conocido de la historia. ¿Qué te atrajo particularmente de la cultura argárica como escenario para tus historias?

Tienes razón: la Cultura de El Argar es una desconocida. En la pasada Feria del Libro de Sevilla, octubre de 2023, pocas personas de las que se acercaban a preguntarme por los libros estaban al tanto. Aquí en Andalucía Occidental conocemos mejor Tarteso, por cercanía geográfica. Tarteso es una cultura mil años posterior al colapso argárico. Es muy distinta a El Argar. Es una cultura de la Edad del Hierro asociada al aporte cultural y material fenicio. Ya hay escritura, hay cerámica a torno, hay armas de hierro, hay gallinas, asnos y alimentos y cultivos que solo se conocían en Oriente Medio. Hasta conocemos el nombre de sus reyes: Argantonio, Habis, Gerión.

En la Cultura Argárica no hay nada de esto; es una sociedad más primitiva, más básica, y que sin embargo fue capaz de levantar auténticas ciudades de casi 1.000 habitantes, que para la Edad del Bronce era muchísimo. La órbita de influencia de El Argar llegó a ocupar una extensión geográfica equivalente a la actual Bélgica en las provincias de Murcia, Almería, Granada, Jaén y Alicante. Las ciudades tenían murallas potentes, cisternas de agua, talleres de metal, acrópolis para las clases altas (pues fue una sociedad jerárquica), fortines y hasta salas de audiencia. En El Argar se ha encontrado la mayor acumulación de objetos de plata de toda Europa Occidental de la época.

En Egipto se levantaban las pirámides, en Mesopotamia los zigurats, en Creta los palacios, pero aquí no nos quedábamos cortos.

¿Cómo integras tus conocimientos de arquitectura y urbanismo en tu proceso de escritura para crear mundos creíbles y detallados en tus obras de ficción?

La verdad es que no puedo evitar empezar por un mapa. Me gusta estudiar y entender una cultura a través de la manera en que ocupaba y ordenaba su territorio. Antes de empezar a escribir “Cuentos Argáricos” trabajé mucho en un mapa del sudeste ibérico: su geografía, sus ríos, su relieve, la ubicación precisa de los yacimientos argáricos, cuáles de estos eran nucleares o centrales, qué rutas de comunicación podían existir entre ellos. Cuando ya lo tenía detallado, empecé a escribir.

“Cuentos Argáricos” ofrece una mezcla única de aventura y detalles históricos. ¿Cómo equilibras la narrativa emocionante con la fidelidad histórica en tus historias?

Cuando abordas un período tan lejano en el tiempo como la Edad del Bronce, hace 4.000 años, sabes de antemano que vas a tener que “ficcionar” muchos aspectos del contexto histórico. Aquí “ficcionar” es una manera elegante de decir que vas a “inventar” bastante material. Y es que, puesto que El Argar era una sociedad ágrafa, carente de escritura, desconocemos un millar de cuestiones referentes a su mitología, sus leyendas, su religión, sus dioses e incluso el nombre de sus habitantes. Yo he tirado de imaginación, pero sin desviarme de las bases que aporta la arqueología (en esto soy muy escrupuloso). Para recrear la antroponimia y la toponimia me inspiro en los nombres que conocemos del período mucho más cercano de los Pueblos Íberos (siglos IV a II antes de Cristo), a los cuales conocemos algo mejor y que, al fin y al cabo, fueron los herederos de El Argar.

Tras “Cuentos Argáricos” has publicado dos entregas más, “Héroes Argáricos” y “Dueños del Bronce”. ¿Puedes hablarnos de ellas?

“Cuentos Argáricos” pretende ser una serie de títulos en los que desarrolle la historia de Tarban, un héroe famoso pero ya retirado que tiene que volver al ruedo cuando una pequeña princesa argárica le pide su ayuda. El problema es que Tarban ya no es ningún jovencito; dicen las leyendas que el hombre tiene más de cien años, y que la diosa Urtama lo protege y no lo deja morir. Pero no hay que creerse del todo los cuentos… 

La cuarta entrega se titula “Reinas Argáricas”, ¿cuándo estará disponible?

“Reinas Argáricas” será una obra algo más extensa que las anteriores (que no sobrepasan las 200-250 páginas). A estas alturas, Tarban se ha metido en algunos líos, y las cosas en la Tierra de Durgugui (el territorio argárico) están a punto de cambiar. Hay una amenaza en el horizonte; o puede haberla. En todo caso, el miedo que ésta suscita va a ser aprovechado por los dueños y dueñas de las ciudades para arañar un poco más de poder y, ¿quién sabe?, convertir sus señoríos en reinos.

Además de tus proyectos actuales, ¿tienes planes futuros en mente tanto para tus mapas históricos como para tu carrera como escritor?

De momento, tener a la venta los planos recreados para todos aquellos que deseen adquirirlos (planoscartapuebla.com), continuar la serie de “Cuentos Argáricos” y aprender cómo llegar mejor al público lector. Una tarea compleja. De momento, “Cuentos Argáricos” es una obra autoeditada, por lo que yo mismo me encargo de Redes Sociales, publicidad y distribución. Los próximos días 1, 2 y 3 de marzo de este 2024 estaré junto a muchos otros autores de autoedición en el Centro Comercial Zona Este en el evento LIBROFÓRUM2024, que promete ser sonado y repleto de charlas, conferencias, premios y actividades. Como guinda acudirá el autor Blue Jeans, autor muy conocido de literatura romántica juvenil.

Por último, ¿qué mensaje o impresión esperas dejar en tus lectores con tu trabajo?

Me gustaría que descubriesen en El Argar un mundo de maravilla y aventuras. Seguro que también hubo héroes en la Península Ibérica durante la Edad del Bronce, hace 40 siglos, héroes como Gilgamesh o Aquiles, solo que no los conocemos porque nadie escribió nunca sobre ellos. La serie “Cuentos Argáricos” está disponible en AMAZON y en mi web. Y para todos aquellos que quieran intercambiar impresiones sobre los libros, estoy disponible en Instagram con el nombre @cuentosargaricos.

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