Kloosiv aplica inteligencia artificial para gestionar vivienda e inclusión social

La inteligencia artificial para vivienda social centra el modelo desarrollado por Kloosiv, una cooperativa sin ánimo de lucro con sede en Campdevànol, Girona, que combina gestión residencial, acompañamiento profesional y herramientas digitales. La entidad comunica que trabaja con 192 plazas residenciales y acompaña a otras 108 personas mediante recursos de inclusión no vinculados directamente con una vivienda.

Inteligencia artificial para vivienda social y acompañamiento profesional

Kloosiv ha desarrollado una plataforma destinada a coordinar información sobre viviendas, personas usuarias, habitaciones disponibles, necesidades sociales y seguimiento de los programas. El proyecto busca conectar a administraciones públicas, entidades sociales, propietarios y profesionales para facilitar la gestión de recursos residenciales y procesos de inclusión.

La cooperativa plantea que la tecnología no sustituya la intervención de los equipos sociales, sino que ayude a ordenar la información generada durante el acompañamiento. Según la explicación publicada por la Universitat Oberta de Catalunya, la inteligencia artificial se utiliza para agilizar entrevistas, transcribir conversaciones cuando existe consentimiento, estructurar los datos e incorporarlos al historial de cada persona.

El sistema también puede ayudar a detectar cambios, alertas o patrones dentro de los procesos de acompañamiento. Kloosiv señala, no obstante, que la interpretación de esos resultados y las decisiones finales corresponden a los profesionales. Esta supervisión humana resulta especialmente relevante cuando la información se refiere a situaciones de vulnerabilidad, acceso a derechos, vivienda o necesidades sociosanitarias.

El modelo parte de una visión que relaciona cuatro dimensiones: la persona, la vivienda, la comunidad y el territorio. La plataforma pretende reunir información sobre bienestar, autonomía, estabilidad residencial, condiciones del inmueble, redes sociales y recursos disponibles en cada municipio. La finalidad comunicada por la entidad es disponer de una visión integrada de los casos y facilitar la coordinación entre los agentes participantes.

Kloosiv comunica 192 plazas residenciales vinculadas a su modelo

La organización cifra en 192 las plazas residenciales asociadas actualmente a su actividad. De ellas, 30 corresponden a plazas propias gestionadas directamente, 42 proceden de viviendas particulares en las que Kloosiv interviene mediante gestión o intermediación y otras 120 son administradas por entidades que reciben apoyo metodológico o tecnológico de la cooperativa.

A esa actividad residencial se añade el acompañamiento de 108 personas en procesos no residenciales. Estos programas pueden abordar cuestiones como documentación, acceso a derechos, aprendizaje del idioma, vinculación comunitaria y otras necesidades sociales, según los datos comunicados por el proyecto.
Kloosiv también afirma que trabaja con dos ayuntamientos y que, dentro de esa colaboración, ha participado en la evaluación de cerca de 400 viviendas y 600 personas en situación de vulnerabilidad. Estas cifras describen el alcance declarado de su actividad, pero no constituyen una evaluación externa sobre los resultados sociales alcanzados.

La cooperativa obtuvo en 2026 el premio del jurado al mejor proyecto emprendedor y el Premio SpinUOC Rural, ambos impulsados por la Universitat Oberta de Catalunya. Cada uno de los reconocimientos estaba dotado con 10.000 euros, de acuerdo con la información difundida por la universidad.

Tecnología aplicable a la economía social

El interés empresarial del proyecto se encuentra en la utilización de una misma infraestructura tecnológica para coordinar servicios complejos. Las entidades que trabajan con vivienda e inclusión suelen manejar información procedente de administraciones, propietarios, profesionales y personas usuarias, además de realizar seguimientos prolongados y justificar la evolución de los programas.

Una plataforma común puede reducir la dispersión de expedientes y facilitar que los equipos conozcan el estado de cada intervención. También puede ayudar a registrar actuaciones, identificar necesidades territoriales y generar indicadores, siempre que los datos sean adecuados, estén actualizados y se utilicen con una finalidad definida.

Este enfoque puede resultar relevante para cooperativas, empresas de impacto, entidades sociales y pequeñas compañías tecnológicas que desarrollen servicios para administraciones públicas. El modelo muestra una posible aplicación de la inteligencia artificial alejada de la automatización comercial: apoyar la coordinación entre organizaciones, profesionales y recursos distribuidos por un territorio.

La posibilidad de trasladar la metodología a otros municipios dependerá de factores como la disponibilidad de vivienda, la participación de propietarios, la capacidad de los servicios sociales, la financiación y la adaptación a las necesidades locales. La herramienta tecnológica puede facilitar la gestión, pero no resuelve por sí sola la escasez de inmuebles ni sustituye los recursos profesionales necesarios para acompañar a las personas.

La protección de los datos condiciona el desarrollo del modelo

El uso de inteligencia artificial en servicios sociales exige prestar especial atención a la protección de datos. La información sobre vulnerabilidad, bienestar, necesidades de apoyo o situación residencial puede afectar directamente a los derechos de las personas atendidas y requiere medidas adaptadas al riesgo de cada tratamiento.

La Agencia Española de Protección de Datos establece que los sistemas que incorporan inteligencia artificial deben analizar desde su diseño aspectos como la legitimación, la transparencia, la minimización, la exactitud, el ejercicio de derechos, la seguridad y la posibilidad de que existan decisiones automatizadas. También recomienda realizar una gestión del riesgo y, cuando corresponda, una evaluación de impacto en protección de datos.

La supervisión humana comunicada por Kloosiv constituye un elemento relevante, pero la evaluación completa del sistema también debería considerar qué información se recoge, quién puede consultarla, durante cuánto tiempo se conserva y cómo se informa a las personas usuarias. La medición del proyecto deberá tener en cuenta tanto la utilidad de la herramienta como la protección efectiva de los datos.

El impacto del modelo podrá valorarse mediante indicadores como la estabilidad residencial, la continuidad de los programas, la mejora de la autonomía, la inserción social y la capacidad para aplicar la metodología en nuevos territorios. Hasta disponer de evaluaciones independientes, los datos publicados deben entenderse como cifras facilitadas por la propia organización y no como una medición externa de sus resultados.

PYMES Magazine

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