Tus empleados no atienden al cliente: Representan tu empresa

Hace poco fuimos a sentarnos en un bar. Éramos diez personas. Una empleada se acercó y nos dijo que no podíamos estar más de cuatro en una misma mesa. Hasta ahí, puede entenderse: quizá era una norma interna, una cuestión de espacio o de organización.

El problema vino después.

Nos dijo que, al ser diez, teníamos que coger cuatro mesas distintas. Preguntamos si podíamos unirlas. La respuesta fue que no.

Resultado: diez clientes con intención de consumir acabaron convertidos en un problema operativo.

Y aquí aparece una pregunta para cualquier empresario:

¿Tus empleados están atendiendo al cliente o solo están aplicando normas sin pensar?

Las normas son necesarias. Una empresa sin procedimientos acaba siendo un caos. Pero cuando una norma se aplica sin criterio, deja de proteger el negocio y empieza a dañarlo.

La diferencia entre una mala y una buena atención muchas veces no está en la norma, sino en cómo se comunica y se interpreta.

No es lo mismo decir:

“No se pueden juntar mesas.”

Que decir:

“Ahora mismo no podemos unirlas por organización, pero dejadme ver cómo os coloco lo más juntos posible.”

La norma puede ser la misma. La experiencia del cliente, distinta.

Ahí se mide la implicación de un empleado.

Un empleado poco involucrado cumple la orden y se quita el problema de encima. Un empleado implicado entiende que delante no tiene solo una mesa: tiene facturación, reputación, recomendación y posibilidad de que esos clientes vuelvan.

Pero cuidado: esto no es solo responsabilidad del empleado. El problema nace en la dirección.

Si nunca has explicado a tu equipo cuánto vale un cliente, no esperes que lo trate como una oportunidad. Si solo corriges cuando alguien se salta una norma, pero no cuando pierde una venta por rigidez, estás enseñando a tu gente a protegerse, no a pensar.

Atender bien no es sonreír. Atender bien es resolver, facilitar y cuidar la experiencia sin romper el funcionamiento del negocio.

La verdadera pregunta que debería hacerse cualquier empresario es esta:

Si yo no estoy delante, ¿mis empleados toman decisiones que cuidan el negocio o decisiones que les evitan complicaciones?

Porque la atención al cliente no es un departamento. Es la suma de decisiones tomadas por quienes dan la cara por tu empresa cada día.

Y cuando un empleado entiende eso, diez clientes dejan de ser un problema.

Se convierten en una oportunidad.

¿Hablamos?

Eduardo Cambil Molina

Senior Advisor, mentor, Director Alto Valor Añadido Consultores, ActionCOACH. Directivo TELCO. Profesor Executive MBA.

[sibwp_form id=1]
Best Choice for Creatives
Purchase Now